Mi historia: Mi primer intento de suicidio
Todo iba bien en mi vida hasta que cumplí los 13 años Lo puedo ubicar perfectamente porque estaba en el primer año de la escuela secundaria (ESO como le llaman aquí en España).
No es que de niña hubiera sido un modelo a seguir. Mis padres dicen que tenía muy mal carácter, que era muy cambiante, que era muy voluble y que me enojaba con mucha facilidad. Ahora tengo una sobrina a la que todo el mundo le encanta decir que es idéntica a mi y no sólo por el parecido físico que tenemos, sino por que tiene el mismo carácter que tenía yo cuando tenía su edad. Temo por ella.
Cuando cumplí los 13 años supe que algo andaba mal. Dejé de sentirme cómoda conmigo misma, me sentí diferente y dejé de comer.
Por esas fechas tuve un pseudo intento de suicido, realmente sólo quería llamar la atención, quería hacerles saber a mis padres que algo andaba mal, quería gritarlo, quería que lo supieran pero simplemente no sabía como hacerlo. Así es que simplemente me fui a la caja de las medicinas y me tomé todas las que vi. Por la tarde fuimos mi madre y yo a hacer ejercicio, estaba mareada y me sentía enferma. Comencé a vomitar y me llevaron a casa. Inmediatamente dije lo que había hecho. Ya no recuerdo si me llevaron al hospital o no.
Ahí comenzó lo que sería un largo peregrinar con psicólogos y psiquiatras que nos darían a mis padres y a mi un sinnúmero de diagnósticos.
Primero me diagnosticaron anorexia, después mi madre se peleó con la psicóloga que me trataba porque descubrió que sólo nos sacaba dinero ya que la mujer sólo nos pedía vernos más seguido porque estaba ahorrando para un viaje que iba a hacer por Europa.
Seguido de ahí buscamos varios psicólogos y psiquiatras. El siguiente diagnóstico fue anorexia con depresión y fue la primera vez que me comenzaron a medicar con antidepresivos. Recuerdo que también algo se habló de un diagnóstico de personalidad límite pero realmente no recuerdo en que parte se nombró porque el que prevaleció siempre fue el de depresión, porque incluso el de anorexia se llegó a ignorar bastante.
Con este psiquiatra que me trató comenzó lo que sería una historia que terminaría muy mal para ambos.
Cuando llegué con este psiquiatra debí tener unos 14 años aproximadamente. Comenzó a decirme que todos mis problemas se debían a un trauma que debía tener cuando era niña, una posible violación… le dije que no, me dijo que entonces no la recordaba, pero que ahí debía de estar. Cabe señalar que esta era la segunda vez que un médico me decía que estaba seguro que yo había sufrido una violación. El primero fue a los 12 años cuando fui a mi primer cita con el ginecólogo. Fui porque tuve mi primer infección vaginal y el ginecólogo me afirmó que era porque alguien había abusado de mi. Claro que yo sabía que nada había pasado, y se lo dije, me dijo que podía confiar en él y ya cuando me reviso y vio que yo era virgen se sorprendió y recuerdo que dijo algo así como “vaya, entonces si que se pueden pescar estos bichos en baños públicos!”
Pero el psiquiatra en cuestión nunca dejo de creer que algo me había pasado y llegó un momento que de tanta insistencia hasta me lo hizo creer a mi. Llego un momento que me hizo cuestionar mi propia memoria y dudar de mi misma, como era posible que yo pudiera olvidar algo tan importante!!! y lo más importante aún… quién había sido?? comencé a dudar de toda mi familia e incluso a desconfiar de mi propio padre.
Conforme seguían avanzando las consultas el psiquiatra se hacía mas rico y mi malestar seguía creciendo. Llegué a ir hasta dos veces por semana si no mal recuerdo. Tomaba mis antidepresivos como me mandaban y no me hacían sentir nada mejor. Tomaba Prozac que prometía ser de lo mejor.
Digamos que todo iba marchando “regularmente” hasta que llegó el momento del quiebre que no sé decir cuando pasó. En algún momento de la relación médico-paciente comenzamos a retarnos y fue el principio del fin.
Yo para esas épocas había comenzado a hacerme cortes en los brazos y piernas, las llamadas automutilaciones. Esas cortadas que descubrí en esa época y que me han acompañado desde entonces, alivian el dolor del alma que se siente sustituyéndolo por dolor físico que es más soportable.
El psiquiatra me comenzó a retar diciéndome “a que no te atreves a hacerte una cortada en frente mio”. Sinceramente nunca le encontré caso a ese reto. Él me decía que él tenía una paciente bulímica que sí que se atrevía a vomitar en frente de él. Pero a mi eso se me hacía muy desagradable. Yo simplemente le decía que no me las hacía por estética, sino me las hacía en momentos muy puntuales cuando el dolor que sentía interno era tal y era tan insoportable que la única manera de apaciguarlo era causándome un dolor físico que sí pudiera controlar, pero no significa que me guste el dolor como para agarrar un cuchillo y así por lucirme hacerme una cortada enfrente de mi psiquiatra, ni que fuera masoquista!!
En otra ocasión, cuando ya estaba yo tratando de subir un poco de peso tratando de salir de la anorexia, me hizo llevar una foto mía de bebé. Cuando se la mostré me dijo que estaba muy gordita, que los cachetes aun los conservaba… resultado: me tomé laxantes y el hombre me reto! me dijo que a que no me atrevía de en verdad a tomarme todo el paquete, porque si lo hacía me internaba. Claro que sí que lo hice y cuando supo que lo había hecho y no pudo hacer nada se molestó mucho sólo recuerdo que me repetía: quieres te te interne? quieres que te interne?
Por un tiempo los juegos y los retos insanos continuaron de esa manera, al psiquiatra le hacían ganar dinero y de alguna manera le divertían y a mi me iban consumiendo poco a poco. Cabe recordar que yo era una niña de 15 o 16 años.
Llego un momento que los juegos dejaron de gustarme. Perdí el interés en jugar con él y simplemente me cansé de todo. Me dí cuenta de que no tenía solución, de que no había alguien que pudiera ayudarme, ni que estuviera dispuesto a hacerlo y veía como mis papás sufrían viendo como me consumía y como me lastimaba. Cada vez me lastimaba más seguido, ya mi hermano y mis papás se daban cuenta y se convirtió en toda una proeza en esconder los cortes y las cicatrices. Así es que después de sufrir mucho un día… recuerdo perfectamente bien ese momento, estaba mi mamá manejando, estaba yo sentada al lado, estaba sufriendo mucho por dentro, mi mamá algo estaba diciendo de que me veía mal, de que la cita con el psiquiatra, realmente no la estaba escuchando, solo pensaba que ya no podía más y en eso pensé: y si termino con todo? y si me muero? y recuerdo la paz que sentí en ese momento. Recuerdo que sentí como si me hubieran quitado el mayor peso de encima y creo que después de muchos meses por primera vez sonreí.
A partir de ahí todo giró en torno a ese plan. En ese entonces mi hermano estaba estudiando la carrera de medicina y en casa tenía a mano toda clase de libros de medicina. Entre ellos el que se convertiría en mi mejor amigo y peor enemigo: el PLM Vademecum.
Estudié cuidadosamente cada una de las maneras de suicidio posibles, realmente no quería algo precipitado, si ya había aguantado tanto que más daba un poco más. Pasé por el ahorcamiento para el cual hice una pequeña prueba colocándome un lazo alrededor del cuello y comprobé que era una muerte muy fea porque causa un fuerte dolor de cabeza, la cabeza punza demasiado (después tuve que ocultar las marcas en el cuello una semana). Pasé por caer de una gran altura y también era doloroso a mi parecer. Así es que terminé valorando que morir durmiendo era la mejor de las probabilidades. Finalmente lo que más disfrutaba hasta el momento era dormir. Para ello mi querido amigo PLM me proporcionó la información necesaria que necesitaría en cuanto a medicamento y dosis necesaria para hacerlo. Pero había un pequeño problema: conseguir el medicamento. Así es que fingí mi recuperación. Todos estaban felices porque me veían muy bien, me veían comer, me veían más feliz que antes, el psiquiatra me veía más participativa y yo aceptaba sus teorías. Un par de semanas después con un par de engaños hice que me prescribiera el medicamento que necesitaba y así lo hizo, justo en la dosis que necesitaba y como todos me veían mejor me dejaron a mi disposición la botella entera de medicamentos, porque estaba fuera de peligro. En parte mi felicidad era real, en verdad estaba feliz porque todo iba a terminar.
Cuando recién me dieron las pastillas me tomé una para probarla, sólo diré que eran pastillas para dormir, pastillas controladas. Me habían prescrito media pastilla. Cuando me tomé una completa la primera vez madre mía que bien dormí, así es que decidí hacer una primer prueba. Tomé unas varias pastillas de más para ver su efecto. El resultado fue que me terminaron lavando el estómago y terminé internada. Algo que denominaron como intento de suicido pero para nada, eso era sólo una pequeña muestra. Había encontrado el medicamento perfecto!! Pero ya no me tenían confianza para recetármelas. El psiquiatra me dijo que lo había engañado, y me dio la última amenaza: “a mi nunca se me ha muerto un paciente y tu no vas a ser la primera!”. Mis padres estaban desconcertados. Pero nada de eso me alteró, había encontrado mi medicamento estrella. Así es que de ahí todo fue sencillo, ya no tenía nada que perder.
Al cabo de un par de semanas lo tuve todo listo tenía el dinero preparado porque un medicamento así de controlado cuesta mucho dinero. Fui a la papelería y compré papel grueso rosado, idéntico a las de las recetas que me daba mi médico, compré una pluma estilográfica, igual a la que el usaba, hice un formato de receta en la computadora… fui a una farmacia que ya había estado vigilando hacía semanas, había un chico que tenía cara de estúpido y que claramente se veía que yo le gustaba. Llegué y le hice un poco de plática y me dio la medicina.
En las últimas dos semanas de la fecha planeada fui a ver a toda mi familia, estuve con ellos platique y los abracé, me despedí de todos. El día anterior comí mi comida favorita vi mis programas favoritos de TV. Ese día me puse mi ropa favorita abracé a mi mamá hasta que me cansé besé a mi papá y le pedí perdón por todo, le dije a mi hermano que lo quería. Me puse mi pijama favorito. Era un viernes. Me fui a dormir temprano. No comí nada en ese día para que las pastillas tuvieran su máximo efecto. Tenía planeado que nadie me despertara el sábado hasta muy tarde… cuando ya no hubiera nada que hacer. Comencé a tomarme las pastillas y para distraerme me empecé a depilar las piernas, ese leve dolor de la depilada me distraería lo suficiente para mitigar las nauseas de tantas pastillas. A partir de ahí los recuerdos que tengo son muy vagos y lo que tengo es el relato de mis padres.
Por ese entonces tomaba yo un curso de primeros auxilios para ambulancias y estaba por terminarlo, sólo me faltaba ir a la entrega de los diplomas, cosa que por supuesto ya no me importaba. Pues resultó que ese sábado un chico del curso llamó temprano por la mañana para avisar que la entrega de los diplomas sería ese día (cabe señalar que la entrega de los diplomas ni si quiera resultó ser ese día)
Mis padres fueron a despertarme y al ver que la puerta de mi recámara estaba cerrada se alarmaron, abrieron y me encontraron inconsciente. Me llevaron al hospital donde al parecer me pusieron respirador y creo que me resucitaron porque desperté con un dolor de pecho impresionante como si me hubieran golpeado el esternón y las costillas con un bate. Estuve varios días inconsciente y creo que en coma.
De esos días sólo recuerdo algunos pequeños fragmentos: recuerdo haber escuchado a un médico decir: otra vez se esta yendo. Recuerdo haber abierto los ojos y haber visto a un médico en los pies de la cama con una aguja picoteándome las piernas y diciendo algo así como “sientes eso?”, recuerdo que lo único que pensé (y espero sólo haberlo pensado y no dicho) fue, me habré logrado depilar las dos piernas??.
Desperté en otra ocasión y al darme cuenta de que estaba viva me entró tanto coraje de que me hayan salvado, vi mi mano derecha y vi un suero conectado, lo tomé con la mano izquierda y lo arranqué de un tirón, vi la sangre brotar. Acto inmediato había una enfermera tomándome de las muñecas y lo único que pude decir fue “ups” y perdí el conocimiento. Cuando volví a despertar estaba amarrada a la cama.
Luego que me estaban bañando y a mi madre decir: trata de mantenerte erguida.
El siguiente recuerdo que tengo ya fue en casa, estaba en mi cama, traté de levantarme para ir la baño, puse los pies en el suelo y cuando intenté levantarme me caí de cara al piso. Me sentí como una muñeca de trapo. Llegó mi hermano muy molesto y me dijo casi gritando “tú aún no te puedes levantar”, me levantó del suelo y me puso en la cama. Recuerdo que mis tíos que son muy religiosos me enviaron un sacerdote para que fuera a hablar conmigo, cuando llegó le dije que el debía estar oficiando mi defunción no hablando conmigo. Le pedí que se fuera y como no lo hizo lo insulté mientras el hombre rezaba.
De ahí no tengo más recuerdos en muchos muchos meses. No sé que pasó después, cómo es que me recuperé, si me medicaron o no. Sólo sé que dejé de ver al psiquiatra porque una vez que se enteró de mi intento de suicidio mandó llamar a mis padres para decirles que dejaba de tratarme porque yo era una suicida en potencia y que no tenía solución, que lo mejor que podían hacer mis padres era internarme en un psiquiátrico por el resto de mis días porque de lo contrario iba a terminar matándome y que por eso él dejaba de tratarme, porque a él nunca se le había muerto un paciente y yo no iba a ser la primera.
Cerca de 8 meses después de este intento de suicidio estaba yo de camino a un viaje de un año a un intercambio estudiantil. Un año sin ver a mis padres. Ellos estaban más que resignados a perderme. Tanto así que lo único que acertaron a decir cuando me subí al avión fue: “ojala regreses, te queremos”
Nic
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